ECONOMÍA vs. IDEOLOGIA
El cantar a Don Rodrigo Díaz de Vivar allá por 1197, dice: "Dios qué buen vasallo si tuviese buen señor". Hace referencia a la importancia de tener un líder justo y responsable.
Un vasallo que esta posmodernidad ha convertido en ciudadano, concede su representación a un gobernante. Su paciencia, su no desborde, su temple y tolerancia, se miden en función de las buenas aptitudes y resultados de los gobiernos.
En economía hay un relato falso que divide gobernantes generosos de izquierda y gobernantes avaros de derecha. Unos con sensibilidad social reparten más dinero; otros cuidan el dinero de los ricos y castigan al pobre.
Todas las lonjas salen del mismo cuero.
Un filósofo apodado “Pepe” concluyó: “tienen que dejar producir a los capitalistas, para ordeñarlos y sacarles la gordura”.
Sabio, los gobernantes no producen plata, se la sacan a los que laburan, y confiscarle todo, los mata o expatría.
El intercambio de bienes y servicios (comercio) entre productores y consumidores (mercado), acrece el valor inicial por el valor agregado que incorpora.
Todo lo que el gobernante hace es subsidiar a algún sector con los recursos que produce otro.
El peso de los subsidios “generosos” que se trasladen al comercio determina el sostenimiento o la desaparición de productos y recursos.
No hay tal cosa como una izquierda generosa, y una derecha avara. Hay gobernantes responsables del gasto público que castiga a quienes producen los recursos, o despilfarradores y corruptos.
Oddone ha dicho que hay que corregir los fallos del mercado. El economista no es omnisapiente. NO conoce los millones de decisiones que operan en el comercio (subjetivas y objetivas) que deciden por qué produce esos bienes, que deciden un precio que permita venderlos sin fundirse.
Un precio desmedido implicaría que un comerciante es selectivo con sus clientes y no quiere vender. Un precio alto implica costos más elevados, innovación, y mayor riesgo comercial.
Desde sus prejuicios ideológicos, un burócrata político no puede fijar un precio mejor al que tiene que romperse el lomo para producir, vender, y que su empresa no se funda.
La complejidad de competir en producir manzanas o micro componentes, corre por cuenta y riesgo de quien pone su plata para satisfacer una posible e indeterminada demanda.
Oddone está advirtiendo a quienes hoy producen en el Uruguay que va a incrementar los subsidios a los que se le antoje y les quitará más recursos a los emprendedores.
No hay gobernantes generosos. Hay explotadores públicos, que, además del costo de los subsidios que decida el “señor”, hay que pagarle su sueldo y todos los sueldos para “ajustar” y controlar el precio del comerciante. Receta multifracasada.
Esta “generosidad” tiene consecuencias. Cuando otro “sensible” ministro hizo una reforma fiscal sin evaluar la capacidad contributiva, agregó tres impuestos al sector económico medio. Mató el ahorro individual, la capacidad de aumentar inversión productiva, aumentó la informalidad y el desempleo. Conculcó la creación de nuevas pymes, y promovió la jubilación porque trabajar y pagar impuestos se hizo carísimo.
“Generosidad” con plata y castigo ajeno. Duplicó la carga sobre el pasivo: en actividad paga IRPF y en pasividad IASS; vuelve a gravar el ahorro salarial que ya había sido afectado.
Reclamó una reforma a la seguridad social, frustrada, que exige un subsidio del rico o pobre de 7 puntos del IVA que pagamos todos.
Luego de la reforma, Abdala, del PIT-FA plebiscitó volver “mejorado” al sistema que colapsó, subsidiando con plata de los mismos trabajadores una jubilación que terminaría en pensión.
Otro “generoso” “profesor” de economía creó el FONASA. Impuesto al que produce, trabaja, sumado a su confiscación con impuestos nacionales y departamentales. Nada mejoró del sistema de salud. Ese nuevo impuesto subsidia la recaudación del sistema privado a costo del contribuyente. Las mutualistas cada vez más desfinanciadas, y agregó a Salud Pública a la mala atención, corrupción.
Por generoso que parezca, un “mal señor” gobernante asigna mal los recursos. No tiene riesgo de ganar o perder. Paga la banca: “los nabos de siempre”.
El riesgo de un gobierno “generoso”, “solidario” y amigo de la “justicia social”, es complacer a la “barra” impaciente y violenta, que cree que la plata es del gobierno y tiene obligación de repartirla.
Engañar, y engañarse, que nadie aplica mejor los recursos que aquel que con sacrificio trabaja y perderlos le duele en el bolsillo. Que también cargan sobre el “vasallo”, además de los subsidios que inventa el político para repartir “generosamente”, el sueldo de los políticos, de la burocracia, del nepotismo y la corrupción.
Es el mundo mágico de religiosidades ideológicas mesiánicas, de infantilismos políticos de gobierno y oposición, de chillidos vivando libertades y “nuevos derechos”, que va desapareciendo por falta de recursos y giles que los reproduzcan.
Un país es caro por la carga tributaria del gasto público que pesa sobre los precios. Puede empeorar, y aún perder capacidad adquisitiva el consumidor si abusan de impuestos y emisión.
Paradoja del Mio Cid en el exilio…sería un buen vasallo si hubiera tenido buen señor; pero como tantos ejemplos cercanos del tercer tipo, sirvió a otros señores.