LAS SELFIES NO VOTAN

 Desde que los individuos se dieron cuenta de que necesitaban agruparse para defenderse mejor de quienes atentaban contra su vida y bienes, los humanos incorporaron, como parte del costo de sobrevivir, sostener con su esfuerzo a un jefe de tribu.

Normalmente se elegía al más grande y fuerte, ya que tenía mejores condiciones para pelear y defenderlos. Cuando este perdía esa condición, lo sustituía quien lo derrotaba, demostrando ser mejor.

Por siglos, la defensa de la vida y los bienes propios individuales fue el factor que promovió al poder a reyes y emperadores, cuyo costo creciente se pagaba como un mal necesario.

La complejidad de la vida en sociedad consolidó, para formar naciones estables, la necesidad de limitar el poder de gobernantes que se consideraban tales por gracia recibida, por lo que abusaban de los recursos de sus súbditos, destinándolos a obras faraónicas que esclavizaban a quienes debían proteger. Gastaban el esfuerzo ajeno que requisaban como riqueza propia y dejaban circo, y cada vez menos pan.

Así que llegamos a la supuesta “demo cracia”. El gobierno del pueblo mediante representación electoral, de aquellos que fueran elegidos por circunstancias mayoritarias, quienes se podían sustituir en caso de expolio o corrupción aviesa.

La democracia NUNCA garantizó el interés del pueblo: que no se les quite lo que es suyo; que cada individuo que entrega su representación al gobernante de turno mantenga sus derechos individuales y proteja la vida, la libertad y la propiedad legítimamente adquirida.

La democracia degeneró en oclocracia, autoridad de un populacho corrompido y tumultuoso, como el despotismo del tropel, nunca el gobierno de un pueblo. Diversas técnicas permitieron que se eligiera al que montaba una imagen falsa, al que prometía imposibles, al que anunciaba, expresa o implícitamente, que robaría a unos para darle a los que lo votaran, asegurándose así llegar al poder.

Seguramente no está en los planes de ninguna persona, que tenga mucho o poco, que el gobernante le quite lo suyo, se lo apropie o disponga de esos recursos para perpetuarse en el poder mintiéndole a sus súbditos sobre su real intención de perjudicarlos.

La realidad muestra que la utilización de esa representación, otorgada para defender el proyecto de vida individual del avasallamiento de lo ajeno para beneficio propio, ha pasado a ser lo normal por los gobernantes pseudodemocráticos.

Ellos proponen proyectos globales que pagamos todos por imperio de “nuestros representantes”.

Lo llaman justicia social. Un argumento poderoso para quitarle recursos al que trabaja, justificando que le pague el sueldo a quien somete a unos por los otros.

Para que le impongan su voluntad de privilegiar nepotismo, amiguismo, corporativismo, ideologismo, y varios "ismos" más que tienen la mala costumbre de vivir de los otros.

Los individuos se defienden como pueden.

Algunos optan por convertir sus bienes en dinero y llevárselo a otro lugar en el que sí lo cuiden.

Otros convierten el valor de lo que sacrificadamente consiguen para vivir un poco mejor a una moneda de un país extranjero que proteja algo mejor del abuso de quienes falsifican el valor de su moneda.

Otros aún intentan zafar de ese costo abusivo evadiendo, ya que hace imposible ganarse la vida asociado al gobernante incapaz, voraz, vago, que roba cada vez más porque fracasa en su intención de robar equitativamente.

Por último, están los que se muestran sonrientes frente al que abusa, intentan su cobijo a costa de los demás y se convierten en cómplices de abusar de sus vecinos, amigos y parientes.

Algunos creen que la representación por el voto les permite mantener privilegios obscenos; realizar retoques estéticos al estupro. Sienten que los asfixiados les agradecen sus caricias de patrón. Se les retribuye con un palmoteo o una selfie.

Lo mismo que aquel al que, desde el poder, se le alivia circunstancialmente la miseria, se le tira un hueso, pero sabe que el político generoso se está quedando con su parte del león, cobijando una manga de abusadores, vagos, ineptos, que, por ser designados para un cargo por el mandón, vejan cada día al trabajador, al emprendedor, al individuo que lucha en solitario contra el poder para tener algo de vida digna.

El proyecto que estos engendros de tiranos mata con la excusa de la justicia social.

Pero, tengan en cuenta, todos, los tibios y los impostores de igualdad, que las selfies y los aplausos no votan.

Y que, cuando cada uno evalúe cuánto le robaron, los va a repudiar.

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