ERROR TIPO 2

“Nosotros, los economistas, solemos hablar de error tipo uno y error tipo dos. El error tipo uno es cuando uno hace todo bien y le sale mal. Y el error tipo dos es cuando uno hace todo mal y le sale bien. Eso es bastante interesante como metodología, como forma de ser autocrítico, porque aun cuando puede salir bien, puede ser una casualidad. Si quieren, el mejor canto al error tipo dos fue el kirchnerismo. Y la verdad es que cada vez que insisten en la receta lo único que nos hacen es cada vez más daño y cada vez nos hunden más”.

El «error tipo 2» es esa carambola extraña que siempre le acontece a Milei y que explica, más allá de todo análisis convencional, el secreto de su éxito. Supuestamente consiste en «hacer todo mal y que el resultado final te salga bien». En realidad, implica hacer todo distinto con convicciones firmes y lograr resultados exitosos.

Le funcionó primero en los medios y después en la política, pero hasta ahora nadie se ha tomado en serio esa teoría.

Los ejemplos abundan: basta ver una entrevista cualquiera con Milei para encontrarse con una sucesión de disparates e imposturas, expresiones y actitudes que cualquier asesor de campaña aconsejaría fervientemente no hacer.

La noche electoral, en un discurso muy sui géneris, agradeció a la hermana y a sus perros, confiando en su olfato para temas de política y estrategia electoral. Además, intercaló cuestiones de macroeconomía que nadie entiende.

Todo mal según los manuales de retórica y los asesores de imagen, pero su intención de voto se dispara.

Durán Barba señaló: “Todo lo que diferencia a Milei de los políticos tradicionales conspira a favor de su voto”.

El votante repudia a los políticos, y Milei no se les parece en nada. El político sigue teniendo una aureola de privilegiado que antes contrastaba con su condición de un liderazgo con ribetes casi mágicos, o por lo menos intelectualmente superior, que ya definitivamente ha perdido.

Los «errores tipo 2» remarcan esa contraposición más que cualquier acierto o propuesta innovadora.

El razonamiento es claro: Ningún político haría esas cosas inapropiadas o extravagantes. Milei las hace. Ergo, Milei no es un político, es otra cosa que viene a desplazarlos y ocupar su lugar.

Y no se trata solo de discursos o propuestas, sino también de emociones. Transmitir sentimientos auténticos.

Cualquiera sabe que un político no debe mostrarse quebrado, débil, emocionalmente vulnerable. Milei lloró en una entrevista con Fantino. Los políticos no hacen eso. Ergo, Milei no pertenece a la casta. Error tipo 2 con consecuencias positivas.

Nada de esto es producto de un plan o una estrategia, porque no hay guionista que pudiera imaginarla.

En una entrevista con Jonatan Viale, mientras Milei tachaba ministerio tras ministerio ilustrando su reforma del Estado, el periodista le pregunta: “¿Ciencia y Tecnología también? ¿Y qué harías con el Conicet, por ejemplo?”. La pregunta es espontánea y la respuesta de Milei, improvisada: “Lo cerraría”, dice, y quedó condenado a justificarlo.

Una vez más, sale bien: mucha gente apoya la medida, más que por su contenido, porque percibe en ella la irritación de los políticos, la estupefacción de funcionarios y periodistas ante la propuesta. Hay algo ahí que va en contra de la corriente.

Milei es el antihéroe: “cometiendo equivocaciones”, según los cánones políticos clásicos, alcanza, paradójicamente, el éxito.

Javier Milei señaló: “La dirigencia política tradicional no supo adaptarse a la nueva realidad. Hay que ser firmes en las convicciones, pero inteligentes para adaptarse en una realidad cambiante. Esto aplica para la economía, para los que tomamos decisiones macroeconómicas, para los empresarios, pero también a la política. Miren, por ejemplo, cómo la realidad política argentina cambió y la dirigencia tradicional no supo adaptarse. (…) No podemos esperar resultados distintos si hacemos siempre lo mismo. Antes de saber qué hacer, hay que comprender que si hacemos lo que hicieron todos y fracasaron, entonces fracasaremos”.

“Ustedes hundieron todo y tuvieron una racha de cuatro años de suerte por el error tipo dos. Entonces, uno no puede estar apostando a hacer todo mal y que le salga bien”.

Su crítica es al “círculo rojo analógico precámbrico”, que cree que el problema son los modales, lo que también demuestra lo básicos y rudimentarios que son.

“La Argentina se hunde porque hace 100 años que viene abrazando dosis crecientes de socialismo, y ahora volvimos a abrazar las ideas de la libertad. Se puede encontrar una perfecta consonancia entre lo que se dijo en la campaña y lo que se está haciendo”.

“Es más, cuando la mayoría especula, el votante se acostumbró a la mentira, elige la especulación por sobre la verdad, hace la vista gorda ante cosas que están mal, el acto de decir la verdad, aunque sea incómodo, se convierte en un acto innovador”.

Una continua confrontación falsa de propuestas maniqueas, una utilizando propuestas de izquierda para su beneficio, y otra, haciendo cambios gatopardistas, mantenía a los argentinos rehenes de una grieta sin solución en sus contradicciones superfluas que no resolvían su continua decadencia.

La propuesta disruptiva liberal rompió costumbres decadentes de falsa cortesía democrática, pasando sobre intereses y corrupción, para la construcción de un país radicalmente distinto.

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