LA CASTA COMUNISTA - Parte 2 por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
Lo único que dejó el pasaje comunista fueron realidades sociales arruinadas.
Algunas implosionaron como la URSS; otras se trasmutaron al sistema de comercio libre; y las que aún sufren dictaduras comunistas están deturpadas.
Un martirologio que obliga a escaparse o padecer el yugo de tiranías impuestas y sostenidas a sangre y fuego.
La libertad que ofrecieron se convirtió en capitalismo de Estado en favor de “sus propios dueños”.
Con esa carga histórica inapelable de atentados contra la libertad, se puede concluir, que a mayor concentración de poder un Estado más daño hace a una sociedad.
Como contraposición al abuso de poder de los gobernantes son muchísimos los países que crecen en ámbitos de libertad económica y comercial.
El presidente Milei aseguró, que “hay una relación muy fuerte entre libertad económica y PBI per cápita. De hecho, los países más libres son 12 veces más ricos que los países reprimidos. En realidad, casi 13”.
Es una evidencia empírica en Argentina luego de que en 30 días la reducción del gasto público de 15 puntos del PIB produjera una reducción consecuente del impuesto inflacionario que empobrecía a la gente del 200% al 30%.
El Estado enemigo de la gente, infla el gasto presupuestal público cargando sobre el individuo todo el peso de su voracidad fiscal.
El dato coincide con un informe de la Fundación Libertad y Progreso que sostiene: “la evidencia empírica indica que los países más libres alcanzan mayores niveles de desarrollo e ingreso por habitante. El promedio de ingreso per cápita para las economías libres es 12,8 veces mayor al de economías con libertades reprimidas”.
Su base es el Índice de Libertad Económica elaborado por la Fundación Heritage que mide el grado de libertad económica de los países a partir de 12 indicadores agrupados en 4 ítems: estado de derecho (respeto del derecho a la propiedad, labor de la Justicia y corrupción); tamaño del Gobierno (impuestos y gastos, entre otros ítems); eficiencia regulatoria (existencia o ausencia de leyes que controlen la actividad económica) y apertura del mercado (políticas de inversiones y flujo de capital).
A partir de estos indicadores se otorga un puntaje entre 0 y 100, donde 0 significa “ausencia de libertad económica” y 100, “libertad económica total”.
Con estos datos divide a los países en “libres” (puntaje de 80 a 100); “mayormente libres” (de 70 a 79,9); “moderadamente libres” (de 60 a 69,9); “mayormente no libres” (de 50 a 59,9) y “reprimidos” (de 0 a 49,9). Según el informe, en 2023 Argentina se ubicó en el puesto 144, con 51 puntos, entre las naciones “mayormente no libres”.
Partiendo de este ranking concluyó que en aquellos considerados “libres” este indicador es 12,8 veces superior al de los “reprimidos”.
Un estudio realizado por los economistas José Álvarez Arce y Manuel Vega-Gordillo -publicado por el Instituto CATO de los Estados Unidos- concluye que “la libertad económica fomenta el crecimiento económico.
Este vínculo causal aparece como una regularidad empírica en la mayor parte de la literatura que aborda el tema.
La liberalización de la carga pública sobre el individuo es una reforma institucional imprescindible para países estancados que aspiran al crecimiento económico”.
Según el economista Eugenio Marí, “las economías que tienen mayores niveles de prosperidad son las economías más libres. No hay contraejemplos de países que hayan desarrollado riqueza con restricciones económicas”.
Un país es carísimo porque su gobierno gasta muchísimo, obligando a las personas a evadir semejante carga para subsistir.
Una loca carrera de vallas puestas por el sistema político que el ciudadano debe saltar para que le quede algo de su trabajo, que necesariamente impide crecer.
Estamos asistiendo a la imputación de los políticos de la causa de las deudas en los organismos públicos.
Ninguno piensa que ese costo hay que suprimirlo de raíz porque lo pagamos nosotros y lastra el desarrollo.