WOKISMO LA IZQUIERDA ENCUBIERTA - Parte I por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano

El viejo y fracasado marxismo-leninismo, el marxismo teórico aplicado por primera vez a una sociedad, no existe más.

Sus reiterados holocaustos lo hicieron desaparecer de la faz de la tierra. 

Quedan algunos practicantes de ideas inaplicables de esa religión laica, en general pertenecientes a sectores económicos medios-altos, que se puede definir, “izquierda caviar”.

Lo otro es un resabio de militancia que nunca llegó a comunista en serio, son dictaduras. 

Pero, que, fuera de sus sociedades esclavas, utilizaron sus métodos y slogan en aventuras guerrilleras abortadas. 

Hoy se mimetizan para convencer a los que viven mal por múltiples razones, que tienen un espacio común para despotricar contra todo lo que existe.

Ser woke consiste en sacralizar a grupos históricamente marginados. 

Esta religión refuerza una ideología, “socialismo cultural”, que sostiene que el objetivo más elevado de la sociedad es igualar los resultados de los grupos identitarios desfavorecidos y protegerlos de cualquier daño. 

¿Cómo ha llegado este ethos, que se esconde bajo etiquetas inocuas como “diversidad” o “inclusividad”, a convertirse en el pináculo de nuestra cultura? 

En estas preguntas se centran dos libros recientes: “America’s Cultural Revolution”, de Christopher Rufo, y “The Origins of Woke”, de Richard Hanania. Ambos exponen dos versiones de cómo la izquierda radical conquistó la cultura. 

Hanania se centra en la discriminación positiva y la cultura de la cancelación, haciendo hincapié en la evolución de la ley de derechos civiles desde la igualdad de trato a la igualdad de resultados, de la libertad de expresión a la supresión de la expresión. 

Rufo se concentra en la Teoría Crítica de la Raza, rastreándola hasta el giro cultural del marxismo de la clase a la identidad a finales de la década de 1960. 

Los dos relatos, evolutivo y revolucionario, institucional y cultural, se complementan.

Representan a una nueva generación que ha triunfado en Internet, al margen del sistema de guardianes institucionales. 

Aunque ninguno se define como conservadores, los autores coinciden en que los gobiernos NO deberían mantenerse al margen de la lucha cultural. 

Sostienen que la transformación de la autoridad de los órganos legislativos elegidos democráticamente, en “gestores y educadores que no rinden cuentas”, permitió que se produjera una “revolución cultural” bajo cuerda. 

Rufo llama a una contrarrevolución para “asediar” las instituciones capturadas ideológicamente. 

Hanania expone un detallado manual político que señala a los políticos las palancas precisas que deben accionar para reaccionar contra el poder del socialismo cultural.

“The Origins of Woke” considera que las guerras culturales son “guerras largas”; advierte de que no habrá un día de victoria sobre los woke. 

Sólo la esperanza de que, habiendo perdido a los millennials y a la Gen-Z, podamos recuperarnos lo suficiente como para influir en los que vienen detrás de ellos. 

Un trabajo de décadas, no de una administración.

Define lo woke como una ideología con tres pilares: la disparidad equivale a la discriminación; la expresión debe restringirse para lograr la igualdad; y se requiere una burocracia a tiempo completo para hacer cumplir estos edictos. 

En lugar de activistas intencionados que impulsan el neomarxismo o el posmodernismo, considera el auge de la woke como subproducto de las leyes de derechos civiles. 

En particular, cuatro innovaciones legislativas. “La discriminación positiva por mandato federal, el impacto dispar, la ley de acoso y el Título IX como herramienta para regular la educación”. 

La discriminación positiva, basada en la lógica de que las desigualdades equivalen a discriminación, afianzó la idea de la igualdad de resultados por encima de la igualdad de trato ante la ley.

La sentencia Duke v. Griggs Power estableció la doctrina del impacto dispar, que convirtió que cualquier práctica organizativa que produzca peores resultados para las razas o géneros protegidos. 

Una “prueba de rendimiento”, constituye una forma de discriminación. 

Esto condujo a un ataque contra el mérito en el lugar de trabajo, las escuelas y las universidades.

En la década de 1980, la legislación sobre acoso consagró la idea de que la libertad de expresión debe suprimirse para eliminar los “entornos hostiles” definidos subjetivamente para los grupos protegidos. 

El Título IX prohíbe la discriminación por razón de sexo en cualquier programa educativo que reciba ayudas federales. 

Esto condujo a la derogación de los derechos de los hombres al debido proceso y a la microgestión de las relaciones entre los sexos.

Una vez creadas las agencias de derechos civiles: la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo y la Oficina de Cumplimiento de Contratos Federales, facultaron a los activistas burocráticos para asumir el control del proceso y emitir directrices. 

La necesidad de cumplir los nuevos dictados para evitar responsabilidades, dio lugar a la multiplicación de burocracias de la igualdad en todos los niveles de gobierno y en las grandes organizaciones. 

Los Tribunales Supremos “progresistas” de los años 60, 70 y 80 tomaron ejemplo, creando restricciones que alimentaron el crecimiento de las “burocracias de cumplimiento”.

Cada paso se basaba en el anterior a medida que el sistema evolucionaba hacia el woke. 

Las leyes de derechos civiles protegían a quienes denunciaban discriminación, pero no a los falsamente acusados. 

Una sentencia de 1978 permitió a los demandantes que ganaban recuperar los honorarios legales, mientras que los demandados ganadores no podían. 

Una sucesión de proyectos de ley de derechos civiles aprobados con apoyo bipartidista amplió el alcance de la responsabilidad.

La Ley de Derechos Civiles de 1991 allanó el camino para las demandas colectivas, multiplicó el “negocio” para los abogados de derechos civiles se dirigieron a las empresas ricas. 

De 5.000 demandas por discriminación en los años 70 se dispararon a 100.000 en 2010. 

Las empresas no sólo tienen que pagar sumas punitivas, sino que la EEOC les ordena que formen a sus empleados en la doctrina reciente en materia de diversidad. 

Un medio para que den muestras de cumplimiento y eviten responsabilidades civiles y penales. 

La devolución constante de la autoridad legislativa a los emprendedores produce que las organizaciones deben violar el texto de la ley (discriminación negativa) para satisfacer las interpretaciones activistas de la ley (discriminación positiva).