LA IZQUIERDA ENCUBIERTA - Parte 3 por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano

Rufo sostiene que estos intelectuales utópicos tratan de capturar la sociedad desde abajo, mediante la incautación de las instituciones de socialización: escuelas y universidades.

Desde esta cabeza de playa se extienden a otros centros de creación de significados; lo que el marxista alemán Rudi Dutschke denominó una “larga marcha a través de las instituciones”.

Dutschke se basó en las ideas de la Escuela de Fráncfort y de Antonio Gramsci, que postulaban una transformación cultural para “reeducar” a la gente fuera de la ideología hegemónica del régimen capitalista.

Sólo entonces podrían adquirir la conciencia política necesaria para derrocar el sistema e instaurar el “socialismo”.

En lugar de la ortodoxa “dictadura del proletariado”, Herbert Marcuse soñaba con una “dictadura de los intelectuales” que pudieran unirse a “parias y marginados” para hacer la revolución.

Su obra “El hombre unidimensional” se convirtió en la biblia de la contracultura.

Mientras su colega Theodor Adorno reaccionaba contra el antiintelectualismo de los jóvenes manifestantes, Marcuse los acogía como precursores de la “nueva utopía”.

Apodado el “líder ideológico de la Nueva Izquierda, Marcuse se codeó con el liderazgo de los radicales. Los disturbios y el vandalismo en centros urbanos de Estados Unidos a finales de 1960 asolaron barrios y dispararon la delincuencia.

Marcuse imaginaba la Universidad como la “primera institución revolucionaria”; centro neurálgico desde el que se extendería la revolución.

Muchos “camaradas” se establecieron en acogedoras sinecuras académicas: Dohrn en Northwestern, Bill Ayers, que bombardeó el Pentágono y el Capitolio, en Columbia, y Angela Davis, que participó en el asedio a un tribunal en el que murieron el juez y otras tres personas, consiguió un puesto en UCLA. Davis, una Pantera Negra, se presentó como una esclava fugitiva que se resistía al sistema de supremacía blanca.

La fuerza, en forma de ocupaciones estudiantiles y chantaje emocional, ha conseguido repetidamente concesiones de las instituciones de élite.

Hanania se centra en la evolución gradual de la discriminación positiva, contra la “corrección política” en el gobierno y las organizaciones. Christopher Rufo se concentra en los revolucionarios culturales utópicos, y su conquista ascendente de las facultades y escuelas secundarias.

America’s Cultural Revolution es un relato conmovedor de cómo los radicales marxistas revolucionarios, a menudo violentos, trasladaron su utopismo de la clase obrera a las minorías raciales, y más tarde a las sexuales.

Hace hincapié en el papel de figuras y organizaciones históricas con raíces en el tumulto de los años sesenta: Herbert Marcuse y Angela Davis, Paolo Freire y Henry Giroux.

Para Rufo el camino del mundo académico a las secundarias, pasa por la pedagogía crítica de Paolo Freire. Educador maoísta brasileño que propuso “descolonizar las mentes” con propaganda socialista, negándose a reconocer el desastre humanitario de la Revolución Cultural de Mao.

Tras fracasar en el tercer mundo, estableció contacto con académicos estadounidenses en 1980, influyendo en izquierdistas como Henry Giroux y sus discípulos. Que promovieron que la pedagogía de la liberación de Freire iba a tener un éxito más allá de sus sueños descabellados.

El plan inicial consistía en colocar a cien radicales afines en el mundo académico. A partir de ahí, el movimiento se extendió hasta abarcar numerosos institutos y publicaciones.

La “Pedagogía del Oprimido de Freire” se convirtió en omnipresente en las facultades de magisterio y fue el tercer libro de ciencias sociales más citado de todos los tiempos.

Rufo concluye con un llamamiento a la contrarrevolución, un “nuevo vocabulario” para derrocar la narrativa del mal.

Hay que desenmascarar eufemismos, desmantelar “burocracias de control” de lo “políticamente correcto”, y abolir las instituciones corruptas.

El activismo judicial y administrativo es ideológico, magnificado por el dominio numérico de la izquierda en las profesiones.

El fenómeno woke se encuentra en el centro de una nueva guerra cultural que está redefiniendo a occidente.

Avanza sobre la planificación global de la sociedad, quiere controlar temas individuales tales como, salud mental, soledad, ambiente, horario laboral, descanso, entretenimiento.

Situaciones individuales que desde que el mundo es tal, cada individuo fue resolviendo con solidaridad, sin necesidad de muletas permanentes del Estado.

Todo es una excusa para hacer crecer la burocracia, imponer reglas a los demás, que ellos violan, quitar espacio de decisión individual, abusar de los recursos ajenos.

Aspira a construir una sociedad anómica, impotente, clausurada. Todo está “mal”, y ellos se ocupan de corregirlo desde las políticas públicas.

Todo pasa a depender del poder ideologizado ampliado.

Los temas no admiten discusión. Son un campo de batalla para avanzar sobre el individuo. Un espacio a ganar para la causa. Los perseguidos, un costo marginal. Construyen un reducto para militantes desde un cargo público. Ganan espacio de poder; y nos quitan posibilidad de disponer de lo propio.

La batalla cultural de la izquierda entroniza como única solución generalizar la pobreza creciente dependiente del Estado. Agotando la resistencia del emprendedor privado.

La realidad demuestra empíricamente lo contrario. La pobreza se resuelve con la actuación libre de emprendedores productivos, formadores de personas para este tiempo tecnológico.

La izquierda es una vía directa para que el individuo no tenga trabajo, ni mínima remuneración. Lo igualan en la tarjeta de racionamiento, servicios estatales inútiles, y control policíaco a la rebelión por la miseria.

Un abuso cada vez mayor sobre lo privado. El asistencialismo continuado, con recursos públicos, y un enemigo ficticio para culpar del desastre.

El aparato burocrático woke dilapida y corrompe tantos recursos del sector productivo que está terminando. incluso, con economías poderosas. Destruye recursos, aumenta la presión fiscal, el endeudamiento, la pérdida de poder adquisitivo, el empleo de calidad.

Es tan grave su avance, que China, la más grande burocracia estatal, está pasando por encima de todas las economías de impulso privado, paralizadas por el enorme aparato burocrático woke.

La burocracia de Estado totalitaria en lo político, ajusta sus costos, y brega por comercio libre, contra las economías e inversión privada que compiten con ella, se las está comiendo.